El arraigo por formación (ahora llamado arraigo socioformativo) y estancia por estudios (lo que se confunde con un «visado por formación») son vías diferentes para regularizar tu situación en España, con requisitos distintos: el arraigo requiere 2 años en España y es una residencia que computa para la nacionalidad, mientras que la estancia por estudios se solicita desde fuera o al llegar y no cuenta para la nacionalidad, siendo una estancia no un permiso de residencia. La principal diferencia es el tiempo de permanencia previo, la naturaleza del permiso (residencia vs. estancia) y si cuenta para la ciudadanía.
El visado por estudios se consolida como la puerta de entrada más eficaz y estratégica para miles de jóvenes extranjeros. España compite con ventaja frente a otros países europeos gracias al idioma, el coste de vida y una política migratoria más permeable, con Castilla y León como uno de los grandes polos de atracción.
España ya no solo exporta sol, turismo y gastronomía. En los últimos años, el país ha reforzado su posición como destino académico y migratorio de primer nivel, especialmente a través de la estancia o visado por estudios, que se ha convertido en el canal natural de entrada para miles de estudiantes internacionales que buscan formación, oportunidades y, en muchos casos, un proyecto de vida estable en Europa.
Frente a modelos más restrictivos como los de Francia, Alemania o Países Bajos, España ofrece una combinación difícil de igualar: idioma compartido con buena parte del mundo, costes asumibles, clima social menos hostil y una vía real de permanencia tras finalizar los estudios. Un cóctel que explica por qué el país sigue ganando terreno en la competencia global por atraer talento joven.
Castilla y León: vivir y estudiar a precios razonables
Dentro del mapa universitario español, Castilla y León emerge como uno de los territorios más atractivos. Ciudades como Salamanca, Valladolid, León o Burgos combinan universidades históricas, calidad académica y un coste de vida muy inferior al de grandes capitales como Madrid o Barcelona.
Alquileres más asequibles, transporte económico y una vida cotidiana sin la presión de las grandes urbes convierten a la comunidad en una opción especialmente valorada por estudiantes internacionales con recursos limitados, pero altas expectativas formativas.
Un clima migratorio más accesible
El marco normativo español también juega a favor. El visado de estudios no solo permite residir legalmente durante la formación, sino que en muchos casos facilita:
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La compatibilidad con trabajos a tiempo parcial.
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La modificación posterior a permisos de residencia y trabajo.
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La posibilidad de arraigo y permanencia tras completar los estudios.
Este itinerario legal, mucho más claro y alcanzable que en otros países de la UE, refuerza la percepción de España como un país donde estudiar no es una experiencia temporal aislada, sino el primer paso de un proyecto migratorio viable.
Mercados especialmente receptivos
No todos los países miran a España con la misma intensidad, pero hay regiones donde el atractivo es especialmente fuerte:
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Latinoamérica: Chile, Colombia, México, Perú y Argentina lideran el flujo. El idioma común, los lazos culturales y la homologación de estudios convierten a España en la opción lógica frente a otros destinos europeos.
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Norte de África: la cercanía geográfica y las relaciones históricas impulsan un interés creciente por la formación superior española.
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India y Sudeste Asiático: mercados emergentes donde España empieza a competir seriamente gracias a programas en inglés y costes más bajos que los del norte de Europa.
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Europa del Este: jóvenes que buscan estabilidad, clima y un sistema universitario accesible dentro del espacio europeo.
Mucho más que estudiar
Para muchos estudiantes internacionales, España no es solo un lugar donde obtener un título, sino un país donde establecerse, trabajar y construir futuro. El visado por estudios se ha convertido así en una herramienta estratégica de atracción de talento, en un momento en el que Europa envejece y necesita relevo generacional.
La clave, ahora, está en no desaprovechar la ventaja. Simplificar trámites, reforzar la oferta académica internacional y garantizar itinerarios claros de permanencia será decisivo para que España siga siendo —no solo competitiva— sino líder en la carrera global por el talento joven.
